31 oct. 2007

La importancia de llamarse Eidur

Eidur Smári Gudjohnsen era un buen futbolista. Ninguna superestrella, pero sí un gran segundo punta, que había dado muchas tardes de gloria al Chelsea acompañado de delanteros como Hasselbaink.

Un día, al Chelsea llegó un hombre con un objetivo inequívoco: ganar tantos títulos como se disputasen. Para ello, ese hombre hizo seis fichajes. A Gudjohnsen no le afectó demasiado; siguió jugando como siempre, un poco más atrasado; pero al equipo sí, y los azules de Stamford Bridge ganaron la Premier rebasando la cifra de los 90 puntos. Al año siguiente, la historia fue similar; pero Guddy jugó mucho menos, puesto que el hombre había traído un futbolista ghanés de Lyon, un tal Michael Essien...

El Chelsea volvió a ganar la Premier, pero Gudjohnsen, viendo que tenía poco futuro como "blue" si todo seguía así, resolvió cambiar el azul londinense por el blaugrana del Barça. Llegó al club catalán para suplir la baja del gran Henke Larsson, que volvía a su patria a retirarse. Empezó bastante bien, resolviendo un partido en Vigo y marcando una cantidad de goles bastante buena.

Hasta que apareció un conejo. No llevaba un sombrero como el del cuento pero, como después se encargó de demostrar, sí una cartera que debía llenar a toda costa. El conejo en cuestión arrastró a Gudjohnsen (que había visto como sus minutos subían exponencialmente tras la lesión de Samuel Eto'o) al banquillo, al ostracismo, para marcar unos cuantos goles, la mayoría de los cuales de poca relevancia, y dejar que la afición le aclamara por su oportunismo, la mayor y prácticamente la única de sus virtudes como delantero.

Terminó la temporada. Guddy había jugado menos de lo esperado, con un rendimiento que fue tachado de irregular. Llegó un fenómeno al Barça, Thierry Henry, en parte para tapar la que había sido sin lugar a dudas una mala campaña; y Guddy quedó en un segundo plano... o peor, puesto que todos coincidieron en que su nombre estuvo en la lista de transferibles del equipo culé.

De repente, el Barça sufre una plaga de lesiones. Márquez, Touré, todos los centrocampistas de corte defensivo caen y se convierten en bajas.

El equipo juega en Vila-Real con un centro del campo de circunstancias... y pierde, y no sólo el partido, sino también al gran Anderson de Souza, el hombre todoterreno, el jugador que llega, recupera y crea. Guddy sale al terreno de juego en la segunda mitad para intentar remediar el desastre; pero ya es imposible.

Sin embargo, su buena actuación se convierte en un salvoconducto para el siguiente partido, que se va a jugar en Ibrox Park, Glasgow. Es la oportunidad de Gudjohnsen de demostrar que puede aportar muchas cosas, de demostrar que es un buen centrocampista tanto como un buen segundo punta.

La historia va prácticamente como Eidur podía desear; sólo le falta marcar para completar una actuación que todos coinciden en valorar como muy buena. Pero el equipo, faltado de chispa, no logra vencer a un cerrado y rácano Rangers. El resultado no es nada malo, pero podría haber sido mejor.

Gudjohnsen pasa de ser un olvidado a una opción más para el ataque. Juega de nuevo frente al Almería, y el Estadi le aplaude por su lucha y su buen juego. Sin embargo, sigue sin ser titular.

Ahora le llega otra opción: Valladolid. ¿Podrá Eidur, por fin, demostrarle a Rijkaard que está cometiendo un error alineando juntos a Xavi e Iniesta en la misma línea, y que él es el único que puede suplir al gran Deco? ¿Podrá Guddy, por fin, saldar cuentas y demostrar que es un gran futbolista y no sólo un olvidado suplente?

Y sobretodo, ¿se dará cuenta Rijkaard de una vez de los problemas del equipo, de que la falta de verticalidad también es culpa del centro del campo, de que Xavi e Iniesta no son una pareja de éxito como lo son el mismo egarense y Deco, o Iniesta de extremo con Henry y Messi?

¿Veremos por fin un centro del campo compensado, aunque no esté Deco?

La respuesta, en el Nuevo Zorrilla de Valladolid.

13 oct. 2007

Rojos, azules y verdes; los conflictos del fútbol de selecciones

Lionel Messi es, sin duda, uno de los mayores talentos del fútbol mundial a día de hoy. Rápido, explosivo, técnico y además goleador, el argentino es una joya que a buen seguro dará muchísimo al fútbol.

Pero, ¿a qué fútbol? ¿Al fútbol del Barça, al fútbol de la albiceleste? ¿A ambos?

En esta situación se encuentran no sólo Messi, sino todos los jugadores internacionales de las Ligas del mundo. En el caso de la LFP, la cifra es nada más y nada menos que del 20%; más de cien futbolistas defienden la zamarra de sus clubes y también de sus respectivas federaciones.

Lo que debería ser un orgullo, pues, se convierte en un problema. Messi va a ¡Australia! a jugar un partido amistoso con su selección, vuelve lesionado, y el que lo pierde un partido termina siendo el Barça. ¿Para qué? Pues para que la empresa que posee los derechos de la albiceleste se enriquezca. ¿Vale la pena, pues, que las selecciones jueguen amistosos, si al final los perjudicados son los clubes, entidades éstas que verdaderamente son el sustento de nuestro "beautiful game"?

¿Vale la pena que el Milan, el Barça, el Madrid, el United, el Arsenal cedan a sus futbolistas para que les vuelvan lesionados... sin ver un euro a cambio? Se puede llamar a esto demagógico, si tenemos en cuenta la calidad de sus plantillas y el dinero que mueven estos clubes. Sin embargo, no así piensan una mayoría callada y sufrida de equipos de la Ligue 1 francesa, por poner un ejemplo; clubes con ingresos mínimos comparados con las poderosas entidades antes mencionadas, que se quedarán literalmente sin equipo cuando empiece la Copa África, dado que sus plantillas están confeccionadas principalmente con futbolistas procedentes del continente africano. Eso también aplica, obviamente, a los Drogba, Eto'o, Diarra, Essien, Touré Yayá y compañía; pero sin duda es necesario mencionar antes a los humildes, que no pueden ni podrán nunca elevar la voz, que a los poderosos, cuya voz resuena cada vez que la usan en todos los medios del mundo.

En el caso Laporta, con tal de criticarle, hasta en los medios madrileños. Nadie ve que, sea por querer mejorar el panorama o por mero egoísmo, Laporta propone cosas que redundarían en el bien de todos los clubes, no sólo el Barça. Quizás, como apunta Samuel Eto'o, el dinero no sea la solución a los problemas; pero un calendario unificado, y una fase clasificatoria que no rompa el ritmo de los equipos de las ligas europeas y sudamericanas una o dos veces al mes, ayudarán sin duda tanto al buen funcionamiento de los equipos de club, como a mejorar el trabajo de los internacionales, que no necesitarán tener la cabeza en dos sitios a la vez.

Pero, como siempre ocurre, es más fácil cargarse a Laporta, cosa que se ha convertido en una especie de deporte en ciertos lugares, que intentar ver más allá de las narices de uno y darse cuenta de que aquí hay un problema que clama solución.