22 oct. 2009

Confesión

Tengo cinco temas en el tintero; que si el marcaje al hombre de Hugo Sánchez como anacronismo total, que si la posible vuelta al Arsenal de Vieira (y el comentario de Wenger al respecto de la trayectoria del equipo tras su marcha), que si la frase enorme de Piqué sobre Guardiola ("Pep no me enseña a jugar al fútbol, me enseña a entenderlo", un futuro entrenador dixit), que si el inexplicable Madrid-Milan, con la "cuestión Raúl" de por medio, que si la Argentina de Sudáfrica 2010...

...lo que no tengo últimamente es tiempo, desgraciadamente (para mí, por alguna razón tengo la sensación de que al resto de la Humanidad no le importa demasiado... qué extraño, ¿no?). Lo tendré, que nadie lo dude, mientras la gloriosa RENFE me lo permita (otro tema que podría no tratar, sino machacar hoy, y es que nadie entiende que en días de lluvia se nos caiga el país gracias a estos "caballeros"); pero ahora, y en el hilo de Argentina, querría devolver a la vida a un hombre que se cargó la suya, revivió, y ahora vuelve a las andadas; parafraseando a Álex, damas, caballeros y dr. Zoidberg, hete aquí a Diego Armando Maradona.

¡Ojo!, no al de ahora, sino al antiguo, al bueno de verdad. Y para ello os paso un vídeo sin un sólo gol, sin siquiera un remate a puerta del Diego... y es que para apreciar el nivel que llegaba a exhibir, eso es sencillamente innecesario. Os animo a verle y a disfrutar de él, porque... bueno, ya sé que lo he dicho, pero... bah, qué narices; es que es muy bueno y punto, oigan.