15 ene 2011

Paréntesis bético

Entre Benítez y Leonardo, quería hacer un pequeño paréntesis para hablar del partido que disputaron el Real Betis Balompié y el Fútbol Club Barcelona en el Camp Nou el día 12 de enero del 2011, correspondiente a la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey.

Aviso que voy a usar un recurso poco fiable como son las capturas de pantalla (porque me es imposible recortar fragmentos de vídeo, editarlos, subirlos y seguir siendo una persona normal - y más dentro de mi situación, ya bastante anormal de por sí). Espero que los puristas no se enojen, pero sólo son para ilustrar lo que puede, y desde mi punto de vista debería, hacer cualquier equipo de fútbol con pretensión de ser grande.

Y este Betis de José Mel, que si no sufre alguna desgracia en forma de plaga de lesiones muy probablemente será campeón de la Liga Adelante (Segunda Divisón pa los colegas), a mí personalmente me pareció un equipo realmente grande. Al lío:

Cuatro pinceladas de una gran escuadra

El Real Betis que dirige Pepe Mel es un equipo de balón. Les gusta disponer del mismo y atacar. Es por eso que, cuando pierde el balón, el Betis va a buscarlo, sube a forzar el error del rival: en caso de ser superada su presión, temporiza y repliega en dos líneas de cuatro. Pero defender en campo propio no se les da tan bien, y a veces sufren a la hora de cerrar pasillos interiores (generalmente, el 4-4-2 suele presentar problemas en el espacio entre doble pivote y centrales, y si delante hay futbolistas como Messi o Iniesta, pues...).

Veamos algunas capturas, pertenecientes todas a los primeros minutos del partido, que ilustran situaciones que a su vez nos demuestran cuánto tiene de continuum el fútbol de hoy en día. Primero, un Betis justo después de perder el balón en campo contrario; una fase ofensiva en la que muchos futbolistas llegan al campo del rival, con una pérdida de bastante calidad, permite acumular efectivos para realizar algo de lo que ya habíamos hablado aquí: la presión.












Hasta ocho futbolistas béticos vemos en campo contrario. Ello tiene, lógicamente, ventajas y desventajas; entre las primeras se cuenta la gran facilidad a la hora de organizar una presión para recuperar, como veremos en la siguiente imagen:














 Esta captura es especialmente ilustrativa del dibujo táctico defensivo del Betis en campo contrario: una suerte de 1-4-4-2 en rombo, con Molina y Castro en punta, Israel y Salva Sevilla en las bandas, Beñat en el vértice inferior e Iriney en el superior, cerca siempre de Busquets. Los dos puntas presionan a la pareja de centrales, los jugadores de banda amenazan con cerrar líneas de pase a los laterales, y uno de los integrantes del doble pivote, en una de las más interesantes disposiciones tácticas de Mel, se encarga de que Sergio no pueda dar continuidad a la jugada iniciada desde Piqué y Puyol. El desgaste de Iriney a lo largo del encuentro fue considerable, pero su labor se vio recompensada: Busquets en ningún momento se sintió cómodo ni fue capaz de conectar con fluidez con Xavi-Iniesta. Por último, al no jugar Valdés, mejor con los pies que Pinto, el equipo bético decidió (acertadamente) no realizar una excesiva presión sobre el portero: no fue necesario.

No obstante, como comentábamos, una presión adelantada como la bética también tiene desventajas; sobretodo, los obvios problemas que se producen cuando el contrario logra romper las primeras líneas y encarar a los zagueros. Tenemos un ejemplo de ello en la captura que viene a continuación:












En este caso concreto, y ya superados los dos puntas, una pared entre Xavi e Iniesta ha dejado atrás la segunda línea de presión del equipo sevillano: el manchego ha quedado libre para levantar la cabeza y ganar metros. La jugada termina con un pase a Villa, a quien vemos tirando el desmarque en la parte superior derecha de la imagen.

Sin embargo, la posición adelantada del equipo bético, aunque arriesgada, disponía de un recurso de emergencia en caso de pase interior: la salida del portero-líbero, con Casto emulando el rol de José Francisco Molina en el Atlético de Madrid (como nos recordaba otro ilustre atlético, Kiko Narváez, en la retransmisión de laSexta). Veámoslo en la siguiente toma:











Aquí, Xavi (fuera de plano) pudo recibir solo con la zaga muy adelantada: Messi corrió hacia el espacio, superando a los dos centrales, pero el cancerbero bético, extremadamente atento, llegó a cerrar a tiempo y logró despejar.

En la mayoría de casos, no obstante, arriesgarse a presionar permitía a los jugadores de Mel bien recuperar en campo contrario, bien temporizar para reorganizarse a tiempo más atrás. En la captura siguiente vemos un ejemplo de la disposición en campo propio del Betis durante la fase defensiva:












Una vez el rival superada la transición defensiva presionante inicial, el Betis se replegaba en dos líneas de cuatro mucho más tradicionales: mientras tanto, uno de los puntas, normalmente Rubén Castro, se descolgaba para ofrecerse como salida (y para cerrar a Busquets) y el otro, Molina, solía mantenerse alejado para actuar de referencia en caso de pase largo, y a la vez, atar en corto a los centrales blaugranas. Como apreciamos en la imagen, Iriney y Beñat se colocaban en línea de nuevo, cerca principalmente de Xavi e Iniesta, y un punta se acercaba siguiendo a Busquets.

Cabe destacar que, en ocasiones, y debido a los problemas de Sergio para iniciar, Xavi decidía aparecer en la base de la jugada para recibir. En este caso, Beñat solía perseguirle para impedir una salida limpia de la pelota. También lo hacía si era Iniesta quien se descolgara, aunque ello era mucho menos frecuente.

Debemos cerrar la entrada por falta de espacio, pero la riqueza táctica de este partido en concreto, y del Real Betis en general, les haría merecedores de un análisis mucho más profundo (y realizado por alguien bastante más cualificado, por cierto). Aún con pocos medios, no obstante, me ha parecido interesante hablar de un conjunto como el bético, que rompe los tópicos del "visitante acongojado" o del "equipo pequeño" en el Camp Nou y sale a cara descubierta, a por el rival, a ganar.


Imagen Pepe Mel: Imageshack

PS: Aprovecho la entrada sobre el Betis para recomendar El Fútbol sin Divisiones, el blog de un bético confeso, especialmente recomendable por la recopilación que ha hecho el autor de varios libros en relación a los nuevos métodos de entrenamiento. Muy interesante, la verdad. 

Extra: Adjunto a posteriori el vídeo que ha colgado Matías Manna en Paradigma Guardiola para ilustrar un poco mejor esta entrada. Las imágenes son del partido de vuelta: poco importa, porque si algo demuestra el Betis, es que ser fiel a un Modelo de Juego propio tiene recompensa.


7 ene 2011

Leonardo, Twitter y Mafalda (I)

Primera actividad del blog en este 2011 (¡Feliz Año, estimado lector!), y aprovecho para hablar sobre algunos temas que quedaron en el tintero el pasado 2010; el primero de ellos, la marcha de Rafa Benítez y la polémica (cómo no) llegada de Leonardo Araújo al banquillo del Inter de Milán. Pero la cosa no se acaba aquí, y es que he cometido la imperdonable atrocidad de entrar en otra red social de esas que son puro vicio (ayyy, los estudios)... y para más inri, me he enterado de que Google aún puede ser más cruel contigo de lo que parece.

Pero bueno, dejémonos de preámbulos y vayamos al lío. Quería hacer una broma con Leonardo y el código Da Vinci, no me sale nada positivo...

Mourinho Out, Benítez In

Después de la marcha de grandes líderes, los grupos que éstos habían guiado suelen quedar exhaustos, confusos y desorientados. Hay infinitos ejemplos a lo largo de la historia, y por supuesto el fútbol, que no es nada más que historia humana en estado puro, no es una excepción.

Por ello, sustituir al José Mourinho ganador del triplete no iba a ser fácil. Más bien al contrario. Moratti lo sabía, y por ello apostó por un entrenador de renombre, en ese momento sin trabajo: Rafa Benítez. El técnico madrileño llegaba tras seis años agridulces en Liverpool, marcados por la construcción de un equipo tan sólido en Europa como ineficaz en casa: a la Champions de 2005 le sumó la Final de 2007 y unas semifinales en 2008, pero en Inglaterra no fue capaz de hacerse con la ansiada Premier League (título que, de hecho, todavía no aparece en las vitrinas red: el último título liguero ganado por el club de Merseyside fue en 1990, antes de la imposición del formato actual).

Benítez tenía ante sí, pues, una misión difícil y desagradecida: hacer olvidar al campeón de todo, al sucesor espiritual de Helenio Herrera, al hombre que venció todas las limitaciones psicológicas del Inter para llevarles a la gloria. Para ello, Rafa se armó de algunos fichajes nuevos y jóvenes (Biabiany, Coutinho) y reinventó a otros jugadores (Eto'o), con el objetivo de dotar al equipo de una vocación ofensiva mayor que en la época de Mourinho.

Benítez hizo, pues, una apuesta... y por lo visto a media temporada, aparentemente fracasó. Pero si no os importa demasiado, creo que seguiremos en una próxima entrada, que aquí ya no hay sitio...

Imagen 2011: paperblog.com
Foto Benítez: laStampa.it

10 dic 2010

Demasiado (poco) tiempo

Observo no sin cierto pánico que el tiempo transcurre implacablemente y el cómputo de entradas de éste nuestro blog (sí, hablo en plural mayestático: lo hago sobretodo tras en enterarme de los maravillosos cambios en la Ortografía de la Real Academia de la Lengua, que provocan una real y académica locura en quien las conoce), el cómputo de entradas, decía, no crece. Sintiendo un tremebundo complejo de culpa (principalmente porque no hay nadie más que vaya a escribir aquí), pero a la vez siendo consciente de que no dispongo de buena idea alguna, me veo en la obligación de ofrecer algo con un mínimo de decencia.

¿Y qué hace uno cuando está obligado a escribir algo pero no tiene nada que ofrecer? Muy fácil: plagiar descarad... estooo, realizar un homenaje a otros autores.

En el caso que nos ocupa, más que plagiar (ouch!) haré un par de recomendaciones al amable lector. Primero, los links de algunas páginas que se han incorporado recientemente al blogroll, como Talking About Football, de Tim Hill; Estadio Santomé, de Sergio; y, para los amantes de la estadística, My Football Facts, de Paul Yarden. Esto por un lado.

Por el otro, un proyecto bastante distinto, en el que tendré el privilegio de colaborar como diseñador, si nada se tuerce: se trata de la revista semanal BoxToBox, una publicación online que se define a sí misma como "la alternativa de la alternativa" no sin razón; desde luego, tiene poco o nada que ver con los periódicos deportivos tradicionales, y también escapa de los blogs convencionales. Además de contenidos cien por cien futboleros y de una más que notable calidad, allí encontraréis colaboraciones de bloggers conocidos por aquí, como un tal Abel Rojas.

Hay que decir no obstante que, de momento, los jefes boxtoboxers (toma puñalá al diccionario) están debatiendo sobre la nueva visual, pero si no hay fenómenos paranormales, meteoritos o la llegada de 2012, creo que en una o dos semanas ya podrá verse el trabajo de un servidor. Os invito a que la visitéis, o un dinosaurio rosa se comerá vuestra casa, tendréis varios milenios de mala suerte y probablemente se os rompa una uña.

Más cosicas para terminar. Gracias a mi preeminente posición profesional (¿?), ha aparecido la opción de colaborar con un medio. Ya iré desvelando más sobre el tema (ahí, con dramatismo... haciendo como si a alguien le importara, ¿sabéis?), pero es posible que algunos contenidos aparezcan por aquí también (siempre que no sean secretos: entonces Julian Assange os los ofrecerá en Wikileaks, tranquilos).

27 sept 2010

No es sólo juego (II)

En la última entrada, antes de las maravillosas pruebas físico-técnicas necesarias para el curso de entrenador (que espero pasar gracias a mi tremenda técnica, a mi espectacular físico y sobretodo gracias a mi extraordinaria humildad), hablábamos del Liverpool FC, de sus mejores tiempos y de su decadencia. Querría continuar este pequeño repaso a la situación del histórico club red recordando los tiempos que siguieron a la renuncia de Joe Fagan en 1985.

Dalglish y los últimos años de gloria

Sin la posibilidad de competir en Europa debido a la ya mencionada prohibición de la UEFA, muchos de los grandes jugadores del Liverpool emigraron a otros clubes del continente. Ello sin embargo no pareció crear, en primera instancia, demasiados problemas al nuevo técnico del equipo, el entrenador-jugador Kenny Dalglish. El escocés guiaría al equipo de Merseyside durante los seis años siguientes, hasta 1991, cuando, alegando razones de salud, dejaría su cargo. En ese tiempo, el Liverpool siguió siendo grande... pero no tanto; en el palmarés de esos años quedarían tres Ligas (pero también la dolorosa derrota en el último partido a manos del Arsenal en 1989), dos Copas (pero también el extraño fracaso frente al Wimbledon en 1988) y varios trofeos menores más (aunque también la primera temporada en blanco en quince años, la 86-87).

La renuncia de Dalglish, sin saberlo, cerró de alguna manera el ciclo vencedor del Liverpool; en los próximos años, el equipo volvería a ganar títulos, pero los mayores honores locales y europeos les estarían vedados. A Dalglish le sustituyó Graeme Souness, que sólo pudo vencer una Copa en 1992; después llegaría Roy Evans, que en cuatro años apenas logró una Copa de la Liga y un subcampeonato copero. En 1998, el Liverpool decidió unir al francés Gérard Houllier al equipo técnico de Evans, con tanto éxito, que Roy decidió marcharse en Noviembre. Houllier, ex seleccionador francés, quedaría como fijo en el puesto: era el primero que no guardaba relación alguna con la cultura del Boot Room. Era, por lo tanto, la confirmación del fin de una época en Liverpool.

Los "extranjeros" y la Liga prohibida

La primera temporada de Gérard Houllier como manager del equipo fue desastrosa; no sólo no se ganó ningún título, sino que además el equipo concluyó la temporada en una pésima séptima posición, quedando fuera de Europa. Los aficionados tuvieron que esperar a la 2000-01 para volver a celebrar un campeonato; en ese caso, por partida cuádruple, pues el equipo, que ya contaba en sus filas con jugadores como Gerrard, Owen, Heskey o Carragher, venció en un mismo año la Copa, la Copa de la Liga, la Copa de la UEFA, y las subsiguientes Charity Shield y Supercopa de Europa. Sería el año más grande de Houllier, y probablemente el mejor del Liverpool hasta 2005.

Pero no tuvo continuidad. Al año siguiente, el Liverpool logró una segunda plaza en la Premier League. Y nada más. Nada más, de hecho, hasta que otro "extranjero" que no tenía nada que ver con la cultura heredada de Shankly se hizo con los mandos del club en 2004: estamos hablando, lógicamente, de Rafa Benítez, a quien todos conocemos bien. Benítez dio al Liverpool el éxito más grande de los últimos decenios, la recordada Champions League de 2005, tras remontar un 3-0 de forma casi inexplicable, mágica, al Milan de Shevchenko, Pirlo, Kakà y compañía.

Pero su prometedor inicio se fue apagando. A pesar de que el Liverpool pasó a ser uno de los más peligrosos equipos de la Champions, alcanzando otra Final en 2007 (perdiéndola, esta vez, contra el mismo Milan), lo cierto es que no por ello su palmarés aumentó sensiblemente; la Premier seguía vedada, y el subcampeonato de 2009, con Torres como nueva gran estrella del equipo, no pudo ocultar las graves desavenencias entre los nuevos propietarios del club, los "americanos" Tom Hicks y George Gillett Jr., y la afición. Después de cuatro años sin un título, y tras una decepcionante temporada en la que el Liverpool quedó relegado a posiciones de Europa League, Rafa Benítez dejó el club con rumbo al Inter de Milán en verano de 2010.

El "momentum" desperdiciado

Ese mismo verano (esto es, hará un mes y pico) hubiese sido un excelente momento para realizar una catarsis en el seno del Liverpool: contra la desilusión de tanto tiempo sin una Liga (más de veinte años, de hecho), la situación era propicia para llevar a cabo una gran renovación, no sólo deportiva, sino también "moral". El Liverpool pasaba por unas circunstancias no muy lejanas a, por ejemplo, el Barcelona en 2003; un equipo desprestigiado, una afición deprimida, y una aguda sensación de descapitalización del club. La entidad catalana aprovechó las elecciones de ese año para revolucionarlo todo; la subida al poder de un joven presidente, Joan Laporta, trajo consigo la llegada de un joven entrenador, Frank Rijkaard, y a la vez, de jóvenes talentos, personificados en la persona de Ronaldinho Gaúcho. Si algo lograron estas dos incorporaciones, especialmente la segunda, fue devolver lo más preciado a un club de fútbol: una ilusión incontenible. El resultado posterior lo conocemos todos.

En el caso del Liverpool, esa oportunidad no se ha aprovechado. La llegada de Roy Hodgson, un veterano técnico que venía de alcanzar la Final de la Europa League frente al Atlético de Madrid (y de perderla, atención al nada nimio detalle en este caso), se ha visto más como una medida de supervivencia temporal que como una apuesta firme y segura. Lo mismo puede decirse de los fichajes; en época de grave crisis económica y de enorme deuda, el club no ha apostado, como sería lógico, por juventud prometedora de bajo coste, sino por futbolistas más o menos veteranos, competitivos, pero tampoco especialmente destacables. El resultado hasta la fecha era el que se podía esperar; el juego del equipo no sólo no impresiona a nadie, sino que además cosecha resultados mediocres, y la sensación generalizada es de temporada perdida. No se ha renovado la ilusión: el mensaje mandado da a entender que la austeridad podrá con el fútbol, que no se apostará por recuperar la tradición ganadora heredada de Shankly.

El club parece navegar en aguas cubiertas de niebla, sin rumbo, sin objetivos. La realidad es que todo el mundo espera un cambio de manos, el momento en que Gillett y Hicks vendan definitivamente la entidad a algún consorcio chino o un jeque árabe con más dinero que cabeza; y eso, obviamente, sólo confirma la sensación de "año perdido".


¿Qué hacer? Homenaje al TCM (II)

Como ya se hizo hará un tiempo con el Atlético de Madrid (sin mucho caso por parte de un técnico excepcional como es Quique Sánchez Flores, por cierto), desde este blog se podría hacer una propuesta "Total Club Manager". Es fácil, gratis, y estaría separada dos líneas del artículo en sí, dando a entender que los sentimientos más bajos del autor recuperan el control del blog...

Veamos: si tenemos en cuenta las necesidades actuales del club, tanto a nivel deportivo como especialmente emocional y... ¡eh!, ¿qué pasa? Ah, ¿que no hay espacio ya? Jo, qué pena, yo que quería desfogarme un poco...

En fin, Blogger manda. Antes de irme, no obstante, quería ponerme un poco serio (dentro de mis limitadas capacidades) para recordar a alguien que nos dejó hace poco y que realmente merece algo más que una mera mención. Se trata de un hombre que muchos conocen por llevar mochila y bastón, pero cuya mochila auténtica iba cargada de ideales, y cuyo bastón de verdad, en el que se apoyaba, era la voluntad de un pueblo de reclamar su historia y sus derechos. Estoy hablando de José Antonio Labordeta, escritor y cantautor, uno de los pocos hombres auténticos que le quedaban a la política de este país, y por encima de todo, una persona que jamás olvidó ni de dónde venía, ni quién era.

Fotografía Dalglish: Virgin Media
Fotografía Houllier: Kotzot.com
Fotografía Benítez: The Sun
Fotografía Hodgson: El Enganche
Fotografía Labordeta: Carlosjuan.net

22 sept 2010

No es sólo juego (I)

Escribo después de casi dos meses de ausencia, y justo antes de irme a doscientos kilómetros de aquí a realizar una prueba física para un curso de entrenador... porque claro, como todo el mundo sabe, en Barcelona no hay campos de fútbol. Ni los ha habido. Ninguno. Nunca.

Lo cierto es que durante este tiempo, a pesar de haber encontrado cosas muy interesantes, no he encontrado ningún tema que realmente... vale, está bien, me daba pereza escribir, de acuerdo. ¿Contentos? Bueno, pues vamos al lío; a raíz de unas declaraciones de Agger, se me ha ocurrido que era un buen momento (oportunismo puro y duro 100%) para hablar del tan denostado últimamente Liverpool FC.


Una sentencia definitiva

La Final de la Copa de Europa de 1985 se disputó el 29 de mayo, en el estadio belga de Heysel. Se enfrentaban la Juventus de Platini, entrenada por Trappatoni, y el Liverpool de Dalglish, Rush y compañía, con Joe Fagan como técnico. Sin embargo, poca gente recuerda esa final por lo que ocurrió sobre el terreno de juego (venció la Juventus 1-0), sino por lo que pasó en las gradas.

Como este blog va sobre fútbol, obviaremos el terrible desastre que trae a la mente esa fatídica fecha, y nos concentraremos en las consecuencias; la UEFA sancionó a la FA, cuyos equipos quedaron baneados de la competición europea por un lustro. En el caso del Liverpool, la sentencia fue aún peor: diez años sin participar en ningún torneo europeo. Finalmente se redujo la sentencia a seis, pero aún así, el daño ya estaba hecho; la liga inglesa, que había dominado el fútbol continental en los ochenta, perdió a sus grandes figuras, que emigraron a otras ligas. El Liverpool fue el más afectado: sus mejores futbolistas se fueron, su técnico Joe Fagan se retiró para dar paso a Kenny Dalglish, y su edad dorada se acabó. Aunque quizás sea prudente recordar precisamente de qué iba esa edad dorada...


El Boot Room

Y es que si algo había significado la llegada de Bill Shankly muchos años antes, en 1959, era en realidad la imposición de una idea de fútbol, una forma de entender el juego; definido como un hombre de pocas palabras y sentencias cortas, el escocés era un enamorado del llamado "passing game". Shankly se rodeó de un núcleo duro, forjado en la famosa Boot Room de Anfield y formado originalmente por Bob Paisley (que sería técnico en la época más gloriosa del Liverpool, entre 1974 y 1983), Joe Fagan (manager entre 1983 y 1985) y Reuben Bennett (el único que no entrenaría nunca al conjunto red, aunque a la postre sería el más longevo de los cuatro en la entidad). A estos cuatro se unirían con el tiempo otros técnicos, aunque ninguno sobresaldría tanto ni cosecharía tantos éxitos como ellos.

Shankly era contrario a las fórmulas del "kick and rush" que históricamente habían imperado en Inglaterra; consideraba que el pase era la base del juego, y por eso imponía a sus futbolistas una forma de entender este deporte basada precisamente en eso: en el pase corto, el toque y el apoyo. Decían que no le gustaba entrenar, pero que siempre lograba contagiar su entusiasmo a los que tenía alrededor: "pásale la pelota a la camiseta roja que tengas más cerca", solía decir. Su herencia fue recogida por Paisley, quien, con una plantilla mejorada y una forma de trabajo basada en el balón, logró cosechar éxito tras éxito, no sólo en Inglaterra (seis campeonatos de Liga, un sinnúmero de copas), sino también en Europa (campeón en 1977, 1978 y 1981). Suya es la frase "mira, yo también he estado aquí en los malos tiempos; un año terminamos segundos". Fagan, ayudante tanto de Shankly como de Paisley, fue el más efímero de los tres como entrenador, pero también cosechó éxitos notables; en la primera temporada bajo su mando, la 1983-84, el Liverpool completó un triplete (Liga, Copa de la Liga, Copa de Europa), y alcanzó la Final europea al año siguiente - el año de Heysel.

A estos tres técnicos les unía una línea metodológica, una gran capacidad de gestión de grupo y de plantilla, una considerable personalidad (especialmente en el caso de Shankly y Paisley, que fueron auténticos personajes en su momento) y sobretodo una idea común del fútbol: los tres abogaban por un patrón de juego muy similar. Y, si bien la plantilla evolucionó a lo largo de las casi tres décadas que duró este período (del flojo equipo de los sesenta a la primera generación de campeones, con Toshack y Keegan; de ellos a Dalglish y Souness; y finalmente, la llegada de los Whelan y Rush y la posterior decaída del equipo), lo cierto es que el hilo conductor, el fútbol con balón, se mantuvo siempre. Y con él, la filosofía de los integrantes del "Boot Room", el conjunto de características distintivas y definitorias del más glorioso Liverpool de todos los tiempos.


Y cerramos por hoy, que si no la entrada se hace más larga que la mili de Rambo. En la próxima entrada seguiremos con la decadencia de la idea y la situación actual del club de Merseyside. No obstante, no quería marcharme sin anunciar que en los últimos tiempos he actualizado el blogroll, cancelando los links a aquellos sitios que habían quedado inactivos, renovando los que habían cambiado de dirección... y sobretodo, añadiendo otros nuevos, como el redivivo blog de Martí Perarnau, el interesantísimo blog de Mr. Renoog, o, muy especialmente, el más que recomendable blog de Kundera. Espero que los disfrutéis tanto como yo.

Foto Placa Conmemorativa: Liverpoolfc.tv
Foto Shankly y asistentes (detrás, Saunders, Bennett, Twentyman y Fagan; delante, Bennison, Moran y Evans): Lfchistory.net

1 jul 2010

La contra conceptual

Éste pretende ser un post breve, vistas las críticas feroces (?) que recibe el menda por escribir pocas entradas en los últimos tiempos. La idea es simple; intentar resumir, aunque por el camino se queden muchísimas cosas, lo que llegó a ocurrir en los apenas veinte segundos que separan el disparo de Frank Lampard del gol de Thomas Müller en la eliminatoria correspondiente a los dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2010 entre Alemania e Inglaterra.

Veamos el vídeo de la acción;



Observemos las circunstancias; Inglaterra, que en estos momentos va perdiendo por dos goles a uno, goza de una oportunidad en forma de tiro libre, a unos treinta metros de la portería aproximadamente. El equipo británico sube en bloque, tanto para molestar al portero alemán y a su zaga como para atacar el rechazo en caso de que se produzca.

Como dice el tópico, un córner bien tirado es gol a favor, uno mal tirado es gol en contra. En este caso, no se trata de un córner, sino de una acción a balón parado (ABP) en las inmediaciones del área, que puede convertirse en una ocasión manifiesta de gol y que, por lo tanto, lleva al equipo inglés hacia la portería rival para potenciar esa posibilidad.

Esa es la situación cuando Lampard le pega al balón, éste rebota en la barrera, cae cerca de Barry... y el excelente jugador del Manchester City comete un grave error; falla en el control en una situación peligrosa (segundo 0:07 del vídeo). El fallo es inmediatamente aprovechado por Alemania: uno de los zagueros roba el balón, otro lanza el primer pase... y al instante se desencadena una contra vertiginosa (recomendable el segundo 0:41 del vídeo, donde la cámara es mucho más adecuada para visualizar la acción en su totalidad).


Para resumirlo brevemente, diríamos que Alemania ocupa a la perfección los tres carriles del campo con tres de sus mejores futbolistas; el joven Thomas Müller por la izquierda, el experimentado Bastian Schweinsteiger por la derecha, y el jugador con vitola de estrella de este equipo, Mesut Özil, por el centro. El balón es lanzado hacia Müller, quien, cerca del centro del campo, como mandan los cánones, lo cambia de lado hacia Schweinsteiger. Inglaterra, obligada a correr hacia atrás, no logra contener a los alemanes, que, con un par de excelentes movimientos (ver el arrastre de Özil hacia el lado de Schweinsteiger, que a su vez tira la diagonal hacia adentro: minuto 0:52 en adelante) dejan a Müller con espacio y tiempo suficiente como para controlar y fusilar a David James (que tampoco está especialmente fino, todo hay que decirlo).

El vídeo, pues, es muy ilustrativo; los alemanes realizan una trenza excelente para romper el sistema defensivo inglés, y la acción termina con el tercer gol teutón. Evidentemente, se requiere una considerable calidad técnica para llevar a cabo una jugada así (el control del tempo de Schweinsteiger y su pase final son realmente excepcionales), pero a nivel conceptual los movimientos son de escuela. Dignos, pues, de estudio.

30 jun 2010

Líderes

En líneas generales, el ser humano es proclive a imitar aquello que ve en quienes fueron sus maestros, o lo que le es más próximo, tiene más visto y, por lo tanto, conoce más; pocos son aquellos que, bebiendo de unas fuentes determinadas en su formación, deciden andar por caminos completamente opuestos, buscando experiencias y resultados distintos a los que ya tienen interiorizados.

No es raro, pues, ver que los líderes futbolísticos de la actualidad imitan, en muchos casos, los del pasado. Podríamos encontrar múltiples ejemplos, no sólo a nivel puramente deportivo (Modelos de Juego, entrenamientos, concepción y escuela futbolísticas, etcétera) sino también en lo que refiere a gestión de grupo.

Por ejemplo, es curioso ver como el seleccionador argentino, Diego Armando Maradona, repite en su selección del 2010 un patrón similar al que uno de sus antiguos técnicos, Carlos Salvador Bilardo, utilizó en 1986 debido a la situación de la escuadra albiceleste. Tras una fase de clasificación más bien pobre, en la que el zaguero Daniel Passarella destacó especialmente, la selección argentina llegaba en un mar de dudas. A ello había que sumarle una polémica añadida; la que desató la decisión de Bilardo de conceder la capitanía a Maradona en detrimiento del mismo Passarella, líder del equipo campeón del mundo en 1978.

Sin embargo, y aunque suene paradógico, las circunstancias allanaron el camino a Bilardo; Passarella sufrió una serie de problemas físicos que le impidieron jugar la Copa del Mundo. Frente a la enorme presión mediática, casi persecutoria, que había sufrido el equipo tras la sustitución de Menotti (técnico con ideas futbolísticas con un alto componente estético) por Bilardo (alumno aventajado de Zubeldía y representante de un fútbol poco espectacular), el equipo argentino se conjuró para devolver las afrentas y luchar, todos a una, por el campeonato.

Y el resto es historia, Manos de Dios y Goles del Siglo aparte.

Más allá de lo que muchos considerarían delirios inexplicables que sólo se le podrían permitir a alguien como Maradona (como la convocatoria del defensa Ariel Garcé presuntamente inspirada en un sueño, las listas aparentemente aleatorias que utilizó en la fase de clasificación, probando a más de cien futbolistas, o la alineación de equipos en formaciones extrañas, como el 4-1-5, durante el Mundial de Sudáfrica), cabría preguntarse si en realidad la estrategia del Diego no consiste, de algún modo, en la repetición del ambiente que rodeaba la albiceleste en 1986. Bilardo utilizó una suerte de "enemigo exterior" contra el que luchar para convertir un nido de serpientes en un equipo unido y a la postre campeón; Maradona podría estarse sirviendo de algo similar para intentar que los Messi y compañía levanten de nuevo la Copa del Mundo. Y de momento, parece que los resultados le acompañan.