14 abr. 2008

Valoremos: temporada 07/08

Hacía tiempo que no escribía, por razones varias. Creo que, después de dos meses de mediocridad generalizada, es momento de volver a machacar el teclado para algo más productivo que echarse un vicio a cualquier "kill-them-all" barato.

Y es que la situación es bastante tremenda. No hablaré hoy de mí mismo (no me gusta hacerlo aquí), pero sí de fútbol (eso sí que me gusta hacerlo aquí... y en cualquier parte, la verdad).

En Champions, Inglaterra manda tres de sus cuatro clasificados a semifinales; los partidos de la Premier son un espectáculo constante, e incluso el pobre Arsenal, que tan buena temporada había hecho y a quien una plantilla demasiado corta ha destrozado, ha dejado una imagen buenísima este año.

Pero entonces, bajamos unos kilómetros hacia el suroeste... y nos encontramos la LFP.

El Reino de las Castañas


Desde la Champions del Barça en 2006, la LFP ha entrado en un proceso degenerativo tremendo, a la misma velocidad con la que el equipo azulgrana pasaba del cielo al infierno en un año. El Madrid, necesitado de victorias y títulos a muy corto plazo, dio el primer paso hacia la dirección equivocada con el fichaje de Fabio Capello, un técnico de prestigio indudable... y de concepción futbolística horrorosa. Cambiaba intensidad por repliegue intensivo, presión y contragolpe por autobús y balón parado; transformaba el Madrid en un clarísimo ejemplo de "catenaccio", aquel estilo tradicional italiano que gana campeonatos a la vez que resta todo interés de ellos.

No sólo una organización pésima y unas instituciones contaminadas e inefectivas han socavado la presencia de la Liga en el mundo; también el auge de la Premier League, diametralmente opuesta en todos los sentidos al campeonato español, ha colocado su larguísima sombra sobre el resto de Europa. Intensidad pura, calidad en el juego, competitividad máxima sin restar espectáculo, brillante organización... y sobretodo, trabajo serio y profesional, han sido las grandes credenciales del fútbol inglés que claramente se ha colocado en posición de preeminencia sobre el resto de Europa.

Y precisamente ésta es la línea que se debería aplicar aquí... pero no se hace. Todo el mundo aparentemente sabe lo que está bien, lo que es el futuro de este deporte, pero nadie hace un paso decisivo, nadie da por fin la confianza, nadie crea en el fútbol LFP la figura del mánager, el hombre en quien confiar siempre, el Wenger, el Ferguson o el Benítez del triunfante balompié inglés.


El Cambio de Rumbo

Aquí y ahora, a 14 de abril del 2008, hay una ocasión para dar un primer paso. Al final de esta temporada, lo más probable es que Frank Rijkaard, uno de los técnicos más laureados del FC Barcelona, abandone la entidad catalana debido a una sequía de resultados procedente de sus propios errores, de su propia infidelidad a los conceptos que él mismo había fabricado para el equipo azulgrana. Un tándem complementario en la media, el pivote ineludible, la presión de la "manada", el control de la posesión pero orientado a crear ocasiones, el primer toque veloz y no la previsible retención del balón... todo eso se ha perdido inexplicablemente, y debido a ello, el Barça ha perdido su buena racha de fútbol y resultados a la par que el técnico holandés perdía su credibilidad entre los aficionados.

Por ello, se ha hablado de muchos técnicos; de locuras como subir a un verdísimo Pep Guardiola, (entrenador del "B"... en Tercera) al primer equipo, apuestas arriesgadas como los recién estrenados Laudrup y Blanc, hasta técnicos de máximo nivel como Mourinho o incluso Benítez. Desde el punto de vista del aficionado que quiere ver a su equipo al máximo nivel de competitividad, a la par que pretende que haya una evolución hacia el profesionalismo que debe imperar en el futuro, la mejor opción se hace bastante obvia, gana forma, nombre y apellidos, y no puede ser otra que la del ex-técnico luso del Oporto y del Chelsea, José Mário dos Santos Félix Mourinho.

¿Por qué? ¿Por qué Mourinho, el otrora odiado entrenador del gran rival europeo, el Chelsea?

Por varias razones. Primera, porque es el único técnico europeo disponible en el mercado de este nivel; segunda, porque su estilo no es, por mucho que se quiera vender, una especie de cerrojo continuado "a la Capello"; y tercera y más importante, porque representaría el paso definitivo hacia el nuevo fútbol que ha nacido en el Reino Unido y que no tiene nada que ver con la forma de jugar, sino con la forma de entender la filosofía misma del fútbol, como un deporte verdaderamente profesional y no meramente una diversión-espectáculo donde día tras día los entrenamientos son a puertas abiertas, donde parece que hacer una concentración es molestar a todo el mundo en vez de buscar un bien por el colectivo, donde un largo etcétera de cosas que se contradicen horriblemente con lo que todos los medios exigen a los jugadores, condenándoles al mismo tiempo a hacerlo.

De hecho, podríamos seguir varias horas, sin mencionar siquiera la inmensa posibilidad de ganar títulos uno tras otro que se abriría con Mourinho.

Así que parece claro que, después de un ciclo más que productivo que desafortunadamente ha tenido un mal final, es momento de terminar no sólo con éste, sino con otro que lleva desde la época de Menotti, en los ochenta, condicionando este club; es el ciclo del trabajo poco serio, de una falta de comunión público-jugadores cuando no se gana, de una falta de respeto al entrenamiento y a la metodología. Ni siquiera Cruyff, que marcó para siempre la historia del club, cambió esa dirección; ni la mano de hierro de Van Gaal, ni la escuela italo-holandesa de Rijkaard.

Con lo que quizás es momento de aprender de quienes obviamente van por delante en esto y en muchas otras cosas relacionadas con este deporte, y empezar, por fin, un ciclo no sólo de fútbol bonito... sino también de fútbol serio, de fútbol profesional.