30 jun. 2010

Líderes

En líneas generales, el ser humano es proclive a imitar aquello que ve en quienes fueron sus maestros, o lo que le es más próximo, tiene más visto y, por lo tanto, conoce más; pocos son aquellos que, bebiendo de unas fuentes determinadas en su formación, deciden andar por caminos completamente opuestos, buscando experiencias y resultados distintos a los que ya tienen interiorizados.

No es raro, pues, ver que los líderes futbolísticos de la actualidad imitan, en muchos casos, los del pasado. Podríamos encontrar múltiples ejemplos, no sólo a nivel puramente deportivo (Modelos de Juego, entrenamientos, concepción y escuela futbolísticas, etcétera) sino también en lo que refiere a gestión de grupo.

Por ejemplo, es curioso ver como el seleccionador argentino, Diego Armando Maradona, repite en su selección del 2010 un patrón similar al que uno de sus antiguos técnicos, Carlos Salvador Bilardo, utilizó en 1986 debido a la situación de la escuadra albiceleste. Tras una fase de clasificación más bien pobre, en la que el zaguero Daniel Passarella destacó especialmente, la selección argentina llegaba en un mar de dudas. A ello había que sumarle una polémica añadida; la que desató la decisión de Bilardo de conceder la capitanía a Maradona en detrimiento del mismo Passarella, líder del equipo campeón del mundo en 1978.

Sin embargo, y aunque suene paradógico, las circunstancias allanaron el camino a Bilardo; Passarella sufrió una serie de problemas físicos que le impidieron jugar la Copa del Mundo. Frente a la enorme presión mediática, casi persecutoria, que había sufrido el equipo tras la sustitución de Menotti (técnico con ideas futbolísticas con un alto componente estético) por Bilardo (alumno aventajado de Zubeldía y representante de un fútbol poco espectacular), el equipo argentino se conjuró para devolver las afrentas y luchar, todos a una, por el campeonato.

Y el resto es historia, Manos de Dios y Goles del Siglo aparte.

Más allá de lo que muchos considerarían delirios inexplicables que sólo se le podrían permitir a alguien como Maradona (como la convocatoria del defensa Ariel Garcé presuntamente inspirada en un sueño, las listas aparentemente aleatorias que utilizó en la fase de clasificación, probando a más de cien futbolistas, o la alineación de equipos en formaciones extrañas, como el 4-1-5, durante el Mundial de Sudáfrica), cabría preguntarse si en realidad la estrategia del Diego no consiste, de algún modo, en la repetición del ambiente que rodeaba la albiceleste en 1986. Bilardo utilizó una suerte de "enemigo exterior" contra el que luchar para convertir un nido de serpientes en un equipo unido y a la postre campeón; Maradona podría estarse sirviendo de algo similar para intentar que los Messi y compañía levanten de nuevo la Copa del Mundo. Y de momento, parece que los resultados le acompañan.

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