25 nov. 2007

El Fortín y los Dos Efectos

Séptima victoria sobre siete partidos en el Estadi, y el Barça que se coloca a dos puntitos del liderato. La situación no es mala; pero es muy mejorable. Se habla de ovejas negras, de vacas sagradas y de demás tópicos que yo me encargo de reproducir ventajistamente aquí; pero en vez de ello, quizás sería mejor pensar en lo que pasa sobre el terreno de juego.

¿Y qué ocurre allí? Hagamos un pequeño repasito al partido de ayer...

Barça 3 - Recreativo 0; sin prisas, por favor

Zaga y portería

Víctor Valdés es un portero con carácter; sin ello, nunca habría sido lo que es hoy, el guardameta de uno de los equipos donde es más difícil ser cancerbero de Europa. Será protagonista más adelante en esta misma entrada, pero no lo fue ayer, donde apenas tuvo trabajo alguno. El engranaje defensivo del Barça funcionó bastante bien, teniendo tan sólo algunos despistes en balones muy verticales a Sinama-Pongolle y el lastre de salir siempre algo desentonados en los primeros minutos de cada mitad. De todos modos, entre los nombres sobresale un hombre; Gabriel Milito, un zaguero que no sólo marcó un gol ayer (cosa que la prensa ya se ha encargado de maximizar cuando en realidad fue sólo la coronación de una actuación majestuosa por su parte), sino que además estuvo perfecto al corte, contundente, listo al sacar el balón y siempre concentrado ahí atrás.

Hay que hablar también de dos otros hombres que trabajaron muchísimo, uno con más éxito, Abidal (estamos hablando de uno de los laterales con más recorrido del panorama mundial, una auténtica máquina física que, además, sabe perfectamente lo que es defender y lo hace prácticamente tan bien como los centrales azulgrana titulares ayer), y otro con menos, Zambrotta (no paró de subir y bajar, lo cual siempre es digno de mención, pero ser lateral por el lado de Messi es una labor bastante desagradecida, y aún no está del todo cómodo en el aspecto defensivo). Pero desde luego, no podemos olvidar, aparte del capitán Puyol (que ayer cuajó un partido regular, pero que tampoco tuvo problemas graves aparte de la lesión), al mexicano Rafael Márquez, que merece un capítulo aparte y que, como Valdés, será protagonista más abajo. Finalmente, la aportación de Oleguer hacia el final fue meramente testimonial, por lo que no requiere una mención especial.

Ayer en conjunto se vio una zaga sólida, insuperable prácticamente en el 1c1, que sufrió muy poco contra un rival que es obvio que tiene problemas en la creación y en la pegada. El gol desatascador de Milito fue posiblemente más determinante en el partido que la actuación de la zaga, que se limitó a sacar el balón con bastante criterio (especialmente con Márquez y sus desplazamientos en largo) y a solventar la papeleta defensiva sin demasiados problemas.

Centro del campo

Aunque probablemente se tache esto de pecado, y no sin razón, he separado la labor de Touré Yayá de la de los zagueros; lo cierto es que el marfileño es la pieza clave que lo une todo y que permite la solidez defensiva que a la vez posibilita el fútbol ofensivo. El grandísimo mediocentro africano estuvo, como siempre, barriendo el campo, y detuvo la gran mayoría de acciones de peligro del Recre; en las pocas ocasiones en las que él falla, se resiente todo el equipo, y es cuando el rival crea más peligro; en el caso de ayer, esto es verdad especialmente en unas cuantas contras recreativistas que cogieron al africano ligeramente descolocado (el posicionamiento es una virtud que Touré aún debe pulir un poco para ser una referencia mundial).

Una vez visto esto, hay que pasar a un punto más espinoso; la creación. Ya hablamos hace unos días de lo que pasaba cuando entraban Xavi e Iniesta en el once para jugar de medios; ayer Rijkaard intentó algo por fin, y dio entrada a Gudjohnsen en el puesto de interior. Eidur no estuvo brillante, pero ayudó mucho al equipo, trabajó y se ofreció; quizás lo que le falta es saber que debe retrasar más su posición cuando el balón está en la línea de medios, para apoyar a los centrocampistas de creación, puesto que luego ya tendrá tiempo de iniciar un desmarque o buscar otra opción.

Xavi es otro tema. A día de hoy, no está siendo ni mucho menos el Xavi que querríamos ver; pocas ideas, falta total de verticalidad, cada incorporación al ataque desde segunda línea en el que él interviene acaba con un pase atrás. No define, no encuentra el último pase, y le da poco sentido a la posesión; quizás el dedo acusador del exceso de peloteo y falta de verticalidad se deba posar sobre él por una vez en la vida, quizás sea el momento en el que los medios barcelonistas dejen de protegerlo como lo hacen en Madrid con Raúl. Que se espabilen ambos si es que pretenden seguir en la élite.

Delantera

Leo Messi es, a día de hoy, uno de los talentos más fulgurantes del fútbol mundial, y el máximo goleador de la Primera División. Sin embargo, le quedan defectos por pulir; y algunos de éstos le están pasando factura a la labor de equipo en ataque según en qué momentos del partido, como pudimos ver ayer. De nada sirve que tengas dos laterales que suben y bajan constantemente, que no paran de desdoblarse, si nunca, nunca, reciben la pelota para intentar el centro. Eso debía estar pensando ayer Zambrotta cuando doblaba a Messi y veía que, indefectiblemente, el argentino se iba para adentro y le ignoraba una y otra vez. Es cierto que la delantera azulgrana no se caracteriza por tener rematadores a la vieja usanza, y que la segunda línea no es precisamente un dechado de virtudes al remate; pero en un día en el que sobre el terreno de juego estaban Henry y Gudjohnsen, un par de centros al área efectuados por el lateral tras una pared con el extremo no hubieran estado de más. Sólo hubo una ocasión clara derivada de ello; y el centrador no era otro que Oleguer, un hombre que evidentemente no tiene su punto fuerte en el aspecto ofensivo.

Ayer vimos una delantera que intentaba jugar la pelota, un Henry que se ofrecía y que buscaba sobretodo a un compañero con quien asociarse para sacar jugadas de peligro; cuando tuvo al joven Bojan, que entendió al francés, el fútbol de combinación empezó a aparecer entre los delanteros, y producto de ello es el segundo gol del Barça. Lástima que, con las "ovejas negras" sobre el campo, esa combinación veloz se suela perder irremediablemente.


Una vez visto, muy por encima, lo que pasó ayer sobre el césped del Camp Nou, hay que revisar lo acontecido en otros campos. No es tan bueno, ni funciona tan bien; y eso que el de ayer tampoco fue un partido para enmarcar. Hay problemas, problemas importantes, pero quizás no se derivan, como dice la gente, del hecho de que los futbolistas "corran" o "no corran", sino más bien de cómo se colocan sobre el terreno de juego y, sobretodo, de cuándo corren y para hacer qué. Correr arriba y abajo como pollos sin cabeza es malgastar, de una forma muy estúpida además, unas energías que ya de por sí no son muy abundantes en este equipo. Ahora, pues, vayamos a la segunda parte de la entrada de hoy:

Los Dos Efectos

En Enero del 2004, el Barça tenía un problema grave. Los resultados no llegaban, el proyecto de Rijkaard parecía haber fracasado en menos de un año, y el club, a pesar de tener valores importantes como Ronaldinho y Puyol, no parecía poder remontar el vuelo.

Y entonces, llegaron dos cosas. Una la puso el cuerpo técnico, y fue el 4-3-3; la otra la puso la directiva, y fue el dinero para traer al hombre mágico que cambió la dinámica, al revulsivo que necesitaba el equipo para funcionar, a la pieza que le faltaba a la plantilla para ser ganadora; ni más ni menos que el holandés Edgar Davids, el pitbull que dotó de fuerza y contundencia al centro del campo azulgrana acompañado de Cocu y de Xavi.

Tres años después, a principios del 2007, en Madrid tenían un problema similar; a siete puntos del Barça, con un equipo que parecía incapaz de sacar resultados adelante, y sin más baluarte sobre el que respaldarse que Fabio Capello y su resultadismo, el equipo necesitaba un volantazo. Y lo dio: se cargó al penúltimo brasileño galáctico, a la máxima representación de los males de ese galacticismo. Aunque fuera vendiéndolo por sólo ocho millones al Milan; aunque fuera desperdiciando su inmenso talento en pos del resultado.

Sí; vendió a Ronaldo Luiz Nazário da Lima.

Eso no cambió del todo la dinámica del equipo, que nunca jugó bien ni nunca se llegó a gustar, pero mejoró la actitud de la plantilla, que empezó a luchar más, a buscar más la victoria a base de remontadas en la mayoría de ocasiones. El equipo siguió siendo débil en defensa y teniendo pocos recursos en ataque; pero los centros de oro de Beckham y los goles de Van Nistelrooy, así como los remates de Sergio Ramos, empezaron a servir para ganar partidos aunque fuera en el tiempo añadido.

Ambas operaciones, una de entrada y una de salida, marcaron claramente un antes y un después en la trayectoria de ambos equipos; el Barça escaló de la undécima a la segunda plaza e incluso tuvo opciones de ganar la Liga, mientras el Madrid logró empatar a puntos con los azulgrana y alzarse con el título liguero por average.

Estas dos soluciones de emergencia son meros parches, y desde luego no son cuestiones que deban figurar en proyectos serios a largo plazo; pero muchas veces los proyectos no son como se podía esperar, y es entonces cuando un pequeño apoyo va bien, cuando un ligero cambio puede desencadenar una reacción positiva en cadena. En ambos casos ocurrió esto.

Si el Barça de hoy tiene problemas de juego similares a los que tenía en 2003, ¿por qué no intentar una solución análoga a la de aquél entonces? Si tiene problemas internos similares a los del Madrid del año pasado, ¿por qué no intentar una solución análoga a la del equipo merengue?

Es lo que podríamos denominar, por un lado, "Efecto Davids", y por el otro, "Efecto Ronaldo". Podría ser que el Barça de la 2007/08 necesite de ambos... quizás podríamos pasar a denominarles "Efecto Tiago"... o tal vez "Efecto Ronaldinho".

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